III. Elecciones y participación ciudadana

En esta etapa de las sesiones se buscó conocer un poco sobre la actitud de los ciudadanos hacia las distintas fases de un proceso electoral, así como su opinión sobre el resultado de las elecciones y la percepción sobre los organismos garantes de la legalidad de los procesos.

III.a. Campañas electorales:

En términos generales se acepta que las campañas electorales son necesarias, para que los ciudadanos conozcan un poco más a los candidatos y sus propuestas.

Sin embargo, los ciudadanos consideran que las campañas electorales incurren en gastos excesivos, por lo que para ellos sería mejor que las campañas fueran más austeras.

Además del despilfarro de recursos de las campañas, tales como entrega de despensas, tinacos, láminas, etc., también existe la percepción de que los políticos solamente buscan cooptar a los electores, más que convencerlos con propuestas.

Los entrevistados reconocen que no prestan mucha atención a lo que sucede en las campañas electorales, pues no representan ninguna novedad “son siempre lo mismo”, “no hay nada nuevo”.

En resumen, las campañas son necesarias, pero deben cambiar de formato, tanto en contenido, como en el nivel de gastos.

III.b. Participación ciudadana:

De la misma forma en la que nos comentaron cuando se habló de la participación de los ciudadanos en la vida política, las personas manifiestan que se sienten poco motivados para votar, pues perciben que todo está decidido de antemano “ellos se ponen de acuerdo”, “antes de que sean las elecciones ya se sabe quién va a ganar”. También les parece que el voto de un ciudadano no hará el cambio.

En todos los grupos de enfoque se habla abiertamente de la compra de votos o del voto corporativo: “la gente vende su voto al que le pague más”, “la gente ya se dio cuenta que su voto vale dinero”, “ellos convencen al líder de la colonia y el decide como van a votar los demás”. Esta situación les hace pensar que el voto libre no decide el sentido de la elección, y que por lo tanto es inútil votar.

Ante la posibilidad de que la pandemia continúe hasta el día de los próximos comicios, la gente opina que habrá todavía menor participación. En especial entre los grupos vulnerables y en especial entre las personas mayores: “si de por sí la gente no va, ahora con el pretexto de la pandemia menos”, “los viejitos no van a salir a votar”.

III.c. Conocimiento y opinión de los organismos electorales:

Sin lugar a dudas, el INE es el órgano electoral más conocido, aunque en los grupos de jóvenes el conocimiento es menor.

Muchas personas saben que es quien se encarga de organizar los procesos electorales federales. Pero en ocasiones piensan que también se ocupa de las elecciones locales.

En menor medida se menciona al IEPC, como el órgano electoral que se encarga de los procesos electorales locales.

Finalmente, prácticamente nadie sabe qué son la FEPADE o el TRIFE.

III.d. Credibilidad de los procesos electorales:

El ciudadano desconfía profundamente de los resultados electorales. En su mayoría perciben que el desenlace de las elecciones ya está pactado y decidido de antemano.

La desconfianza que expresa el ciudadano se refuerza cuando no resulta ganador el candidato de su preferencia, y justifica su derrota con el argumento de que los resultados fueron manipulados.

Sin embargo, en muchas ocasiones se habló de que estas elecciones presidenciales sí habían sido limpias, pues el triunfo de Andrés Manuel López Obrador les daba la razón. El era un candidato al que le habían despojado del triunfo en las urnas en ocasiones anteriores. Por lo tanto ahora el proceso electoral era creíble desde su punto de vista.

III.e. Urnas electrónicas:

A los participantes a los grupos de enfoque se les mencionó la posibilidad de que en las próximas elecciones se utilizaran urnas electrónicas, y les pedimos su opinión al respecto.

Observamos que las opiniones se dividían, pues mientras que unos decían que era mejor pues su uso podría contribuir a transparentar los comicios, otros hablaban de que serían más fáciles de manipular mediante un hackeo y que por lo tanto eran más vulnerables.

Pudimos observar que la aceptación del uso de urnas electrónicas es más amplio entre los jóvenes y menor entre las personas de mayor edad.

También constatamos que la posibilidad de utilizar urnas electrónicas no disminuye significativamente la manera en la que los ciudadanos perciben al proceso electoral en sí, por lo que no aumenta la confianza en la limpieza del proceso ni en la credibilidad de los resultados.

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